El estudiante, un fresco de la realidad mundial en un aula secundaria rusa

Escrito por el mayo 14, 2016

CANNES, FRANCIA. Eso de “es un niño, el pobrecito”, forma parte del alma rusa, machista y contradictoria, donde un joven que puede ser considerado para el Servicio Militar es un bebé para algunas mujeres protectoras, como la propia madre, la directora de la escuela, y su canchanchana más cercana, pero no para la profesora de Biología, que explica la evolución humana, la sexualidad y otros asuntos, desde el punto de vista científico. Esto ocurre en El estudiante (Uchenik), del joven director ruso Mijail Serebrennikov.

Esta es, hasta el momento, la mejor película vista en el 69 Festival de Cannes. Corre en el segundo certamen de importancia (Un certain regard) y debió tener más aplausos y estar en la Sección Oficial. Pero esas cosas suceden en Cannes, en varias ocasiones son mejores los filmes de Cierta mirada, que los del concurso por la Palma de Oro.

Kiril Serebriannikov demuestra una madurez artística loable con esta su novena película, a lo que habría que sumar dos teleseries, en calidad de director, en algunos de los cuales ha sido guionista.

El estudiante, es una propuesta interesante, intensa, imprevisible y que remueve el piso. Es el reflejo de un fenómeno al que asistimos por esta época, en la que numerosos extremistas religiosos de toda ralea se multiplican sin que pueda ponérsele coto. Veniamin comienza a preguntarse en casa y en la escuela, en voz alta, si está bien que las chicas vayan a la piscina con bikinis, si es éticamente correcto enseñar la Teoría de la Evolución de Darwin en la clase de Biología. El joven se convierte en un dolor de cabeza para todo el que lo rodea, ya que solamente se lleva por las Sagradas Escrituras y solo una persona se le enfrenta: la profesora de Biología Elena, quien es combatida tanto por la dirección del centro como por el padre cristiano ortodoxo que es el guía espiritual del centro educativo.

En contra vale decir que la película puede resultar por momentos un poquito larga y por otros, reiterativa, pero eso tiene que ver con las constantes citas de los Evangelios que hace Veniamin (Piotr Skavortsov), quien resulta convincente y efectivo en un papel que demandará de él todas sus energías y talento.

A favor hay que decir bastante: en primer lugar el tempo. Es una tradición en el cine ruso el uso de un tempo lentísimo, con finales imprevistos. Aquí Skovortsov ha sabido alejarse un tanto de ese elemento y regalarnos escenas una tras otra donde siempre sucede algo. La excelente fotografía de Vladislav Opelyants, un muy solicitado DP desde la década del 90, con 16 títulos a su favor; el uso de planos secuencia muy bien logrados, en más de una ocasión. Las felices actuaciones donde vale la pena destacar el papel de profesora Viktoria Isakova, defendido felizmente por Elena Lvovna, quien al final decide el pulso con su estudiante Veniamin. La banda sonora de Ilyá Demutskiy que va de música sinfónica al rock duro con sabor a epopeya.

Sin dudas una película que probablemente tenga buen camino internacionalmente este y el año que viene. Espérenla en República Dominicana. Y recuerden su título “Uchenik” (El estudiante”).


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