Exilio: una película de Cambodia como un poema visual

Escrito por el mayo 16, 2016

CANNES, FRANCIA. Rithy Panh no por gusto fue nominado en el 2014 a los Oscar como mejor director de película extranjera, por su filme “La imagen menguante”, que obtuviera el premio Un Certain Regard, aquí en Cannes en la edición del 2013. Ha regresado como buen hijo al que sigue siendo el mejor festival del mundo, a pesar de su merma de gente, lo cual es evidente en la calle y culpa de las amenazas terroristas.

Sobreviviente de los campos de trabajo de los jemeres rojos en el que perdió a sus padres y algunos de sus familiares, Rithy Panh en 1979 se unió al campamento de Mairut Tailandia y a continuación llegó a Francia en 1980.

Después de un período en que trató de rechazar todo lo que pudiera recordarle la pesadilla que acaba de vivir, hasta del idioma jemer, decidió dedicarse a realizar una memoria de trabajo a través del cine. En 1988 se graduó de estudios superiores de cine.

Su primer documental, el Sitio, ya se ocupa de Camboya, en particular en los campos de refugiados en Tailandia. El éxito de este primer trabajo abrió las puertas a algunos patrocinadores entre los que se incluyen el canal de televisión franco-alemana Arte y el grupo francés Canal + 5.

Desde entonces ha llovido bastante y su obra ha crecido en número y por supuesto en calidad. En el 2002 presenta en Cannes “La Maquinaria de los Jemers Rojos”. La estética de sus trabajos son muy cercanos a la poesía, y hasta al video-arte, como lo es “Exilio”, presentado en el Festival de Cannes.

Recuerdo vívidamente una escena en que aparecen un grupo de niños en una clase, y cada uno tiene en sus manos un libro abierto. El trabajo visual, que dura más de una hora, y fue realizado en blanco y negro, presenta iluminaciones a color, hecha a mano y tiene como convincente elemento de su contenido la escena en que los niños leen libros de color rojo.

La manera en que está montado el filme que, insisto, debería de ser calificado como video-art, denuncia las atrocidades cometidas por Pol Pot y Iam Sering. Y desde ese punto de vista el solo hecho de ponerse por encima de todo eso y realizar un poema en imágenes le otorga valor de denuncia, de testimonio.

A pesar de sus buenas intenciones, no obstante, el documento visual se queda por debajo de lo esperado, debido al complejo discurso poético, tratando de llevar cada metáfora al rejuego con complicadas imágenes que a veces conllevan rocambolescas trucas.


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