Desde Borojol a Gascue el Son se convirtió en Fusón

Escrito por el octubre 10, 2016

SANTO DOMINGO. La difusión del Son en Santo Domingo durante mucho tiempo estuvo reducida a bares y burdeles en la zona de tolerancia de la ciudad y en alguna que otra emisora radial que dedicaban programas exclusivos, como el del locutor Mario Báez Asunción -El hijo de Lidia- que desde tempranas horas de la mañana cada domingo hacia sonar los sones,danzones y danzonetes cubanos más populares de la era de Machado y Batista, y uno que otro éxito del dúo criollo Los Ahijados, homólogo de Los Compadres de Oriente.

Recuerdo que en los años 70 los soneros de Borojol, el sexteto Enriquillo y el conjunto de Ramón Gallardo eran los iconos del Son que, amenizaban las noches bohemias en el llamado Típico B del litoral de la Feria y en el bar de Cambumbo o donde Nancy y Herminia los prostíbulos más famosos de la parte alta del Santo Domingo de la posguerra de abril.

En 1973 apareció una agrupación de estudiantes del barrio Simón Bolívar llamada Lodo, liderada por César Namnum, que por su juventud se constituyeron en pioneros en hacer Son y merengue tradicional con letras de contenido social, tocando el montuno, tal como lo hacían los veteranos músicos en los centros nocturnos.

Su proyección era muy limitada en los medios, por razones obvias, además de no contar con el respaldo de una disquera, la juventud inquieta de los sectores populares era constantemente perseguida por la política represiva de los gobiernos de Balaguer y las actividades culturales estuvieron siempre confinadas a hacerse a la buena de Dios en parroquias, clubes y sindicatos de obreros.

La incipiente democracia de los 70 le dejaba poco espacio al arte comprometido.

Otra situación que hacía que la juventud clase media se interesara poco por los ritmos caribeños lo fue el boom que hubo en el país del movimiento hippie que se destapó a raíz del festival de música Woodstock en 1969, donde se dieron cita los grupos más famosos del rock de Estados Unidos y que con el lema de “peace and love” le cambiaron los hábitos y costumbre a la vanguardia joven del país, influenciado por aquellos principios que reclamaban el cese de la guerra de Vietnam, propugnando una sociedad más justa haciendo causa común a través de la música, el amor libre y el uso de la marihuana como “arma” de refugio y escape a la realidad, degenerando en moda con la aparición de la discoteca y la música disco que sintonizaba más con el comercio que con la causa inicial por la que protestaron.

Aunque la década de los 70 fue de represión y de guerra fría, la juventud disidente encontró en el festival 7 días con el Pueblo -1974- el espacio perfecto para, a través del canto y la guitarra se alzara el grito de libertad y poner en marcha una labor popular de concientización que en 1978 produjo el cambio de régimen opresor balaguerista.

Cuando en 1981, tres años después de la desaparición de los terribles doce años surgen Fernando Echavarría y la Familia André. Su debut en el programa Fiesta, de Teleantillas, coincide con un panorama político social de libertades públicas y de apertura democrática que le dieron bienvenida como parte de los nuevos aires reivindicadores de nuestra identidad cultural.

La aparición de este grupo músico vocal de siete jóvenes universitarios armados de guitarras y percusión menor, con una peculiar forma de hacer el Son, salido del centro de Gascue, con características sociales distintas de las que hasta ese momento habían proyectado, hizo que el género se acercara como nunca a los grupos sociales que antes no la asimilaban, constituyéndose entonces en el espectro artístico como líderes indiscutible de aquella propuesta musical sencilla y novedosa.

Primero en televisión, por Teleantillas, el canal más moderno de la televisión dominicana en ese momento, que dio vida a una nueva generación de jóvenes artista que llenaron una época de gloria en el arte dominicano , y luego en la radio, con el respaldo comercial de la más poderosa disquera que había en el país, Karen Récord, fue lo que hizo cambiar radicalmente la visión del Son proletario en la burguesía, poniendo en el tapete la definida raya de Pizarro entre la música foránea empoderada de la discoteca y el hit parade angloparlante y el contagioso ritmo doméstico de pasa ratos que hacía el ambiente más parecido a nuestra identidad caribeña.

Con este último la Familia André se hizo popular y se consolidó como líder de otros grupos similares que vinieron después, formándose así una red generacional de música sonera o de pasarratos en muchos de los ensanches de Santo Domingo poniéndose de manifiesto la cantadera con guitarra, la clave y el bongó como plato obligado en fiestas caseras y reuniones de amigos.

Grupos juveniles como Los Bachilleres, Fragmento, Son y Punto, la Familia y Qué, grupo Naiboa y Son Amigos, entre otros, fueron algunos de los tantos surgidos a partir del fenómeno Familia André, que ayudaron a equilibrar en algo la balanza del ambiente musical que había en la Capital entre la música foránea y la gran oleada del merengueros de los años 80.

Fernando Echavarría y La Familia André en sus primeros dos años (1981-82)fue un fenómeno que encantó a todas las clases sociales, incluyendo la dominante que decidió desinhibirse sacando al “negro detrás de la oreja” para bailar sin los prejuicios del pasado el fusón a ritmo de:

“Pelaíto Chichí, pelaíto na’ma,

mire que estoy pela’o… “

Desde su debut les abrieron sus puertas desde los más populares centros culturales hasta los más encumbrados clubes de abolengo, siendo además reconocidos por las principales universidades del país con una extensa agenda de presentaciones:

El Aula Magna de la UASD, el salón de actos de la UNPHU, la explanada de APEC, el parqueo de INTEC, el anfiteatro de la PUCMM en Santiago, La Universidad Central del Este y el gran patio del colegio La Salle fueron los primeros escenarios que a casa llena celebraron a Fernando cantando Al compás rítmico de la Familia André.:

“Azucenas para ti, traigo Maria Elena.

Del jardín que cultivé las rosas más bellas”.

También, los clubes sociales: Naco, El Country Club, los Prados, Casa de España, Casa de Campo, al igual que El Embassy Club, el Maunaloa, Casa de Teatro y el patio español del CODIA, cantaron y aplaudieron desenfrenadamente la copla de:

“Pato robao vamo’a comer”

con e’to tíguere tan arreta’o”

Los barrios de la capital no se quedaron atrás: la cancha de San lázaro, la de San Carlos, el club de Cristo Rey, Mauricio Baez y hasta el Palacio de los Deportes, junto a Rubén Blades y los Seis del Solar se cantó y se bailó:

“…Yo te quería, Teresaaa

y tu me diste ,sorpresaaa…”

Pero también en el interior: la Piscina de Moca, el teatro de San Cristóbal, La Vega, San José de las Matas y el estadio José Briceño de Puerto Plata, junto a Vickiana, Jackeline Estévez, Carlos Alfredo y otros artistas de la época debutantes también en Teleantillas.

En fin, a pesar, pero muy a pesar de la gran algarabía que había en esos años con el merengue de Wilfrido Vargas en su mejor momento, Johnny Ventura y sus caballos acabando, como siempre, además de Los Hijos del Rey, La Tribu de Cuco Valoy, El Conjunto Quisqueya, Milly, Joselyn y Los Vecinos, los Villalona ´en pie’, El Equipo de Dioni y un gran etcétera de orquestas emergentes;´Fernando Echavarría y La Familia André impuso su estilo sonero haciendo un nicho en el gusto popular y en el mercado del disco que, aunque nunca era comparable ala del merengue, resultó ser muy influyente para la vanguardia juvenilque seguía el rock y que vieron en Familia André el ejemplo de que podía alcanzarse con nuestra música popular con una propuesta original centrada en los valores culturales que nos identifican y nos distinguen como nación.

El ejemplo de Fernando

Fernando Echavarría, como cabeza creadora de La Familia André, fue el ejemplo del estudiante de arquitectura y creativo publicista que rompió con el prurito de la tradición social capitaleña que durante años renegaba la identidad popular, dando el frente como cantante sonero con sus propias creaciones para difundir un ritmo con sabor a “guarachita” por mucho tiempo marginado de los salones de alcurnia, y que de modo desafiante fue introducida con éxito a la cumbre de nuestra sociedad con el mote de Fusón, un montuno citadino, renovado en el corazón de Gascue y fusionado con la güira merenguera, el bongó del típico Son y la guitarra del rock and roll.

P/d. : De sus 62 años de vida Fernando Echavarría permaneció 34 cantando Fusón, desde el 26 de julio de 1981 (debut en Fiesta de Teleantillas) al 10 octubre de 2015(ensayo Club 360) último día de su existencia.

*El autor es maestro en arquitectura y miembro fundador de la Familia André


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